Todo se ve genial desde aquí arriba, tengo un poco de miedo, pero las ganas de saltar al vacío lo superan con creces. Desde aquí se puede ver toda la ciudad, la playa, el mar, e incluso algunos edificios de la zona. Como ya está atardeciendo, puedo ver las luces de las casas a lo lejos, y cada vez más lejos, más oscuro y más luces.
Ya entrada la noche todo brillaba y los aviones que sobrevolaban la zona emitían un ruido ensordecedor, y las luces de colores de los barcos hacían destellos en el mar.
Ahora era mi momento, sí, todo aquel espectáculo era perfecto para mi momento. Entonces sin pensármelo dos veces salté al vacío.
Al principio solo notaba la suave brisa que recorría todo mi cuerpo y se deslizaba por mi cuello, aquel momento tan esperado era genial. Después empecé a descender más rápido y aquella suave brisa, se había convertido en aire veloz que cortaba mis mejillas.
Más abajo, cada vez más abajo descendía sin saber muy bien a dónde, hasta que vislumbré algo…
Una extraña claridad se cernía sobre mí dejándome casi sin ver, de pronto lo pude vislumbrar todo con mucha nitidez. No sabía exactamente dónde me encontraba, pero era precioso. Un mar de estrellas se situaba debajo de mis pies, y arriba, sobre mi cabeza una gran nebulosa de mil colores diferentes. Más lejos alcanzaba ver un pequeño planeta azulado con motas verdes en su superficie, creo que era la tierra. ¿Pero, como es posible? Si hace apenas unos segundos estaba tirándome de un puente, ¿cómo puede ser, que ahora la tierra estuviese tan lejos?
Sentí una presencia, me giré para ver quién era y entonces vi a un chico que no conocía de nada en absoluto. Aparentaba tener la misma edad que yo, y tenía algo en la forma de su sonrisa que le daba un aspecto angelical.
El me cogió la mano y se la acercó al pecho, sentí su corazón palpitar bajo mis dedos y la relajación de sus pulmones con mi contacto. Entonces me agarró por la cintura atrayéndome más hacia su cálido pecho, y en ese momento nos fundimos en un solo beso que transformó nuestros cuerpos en una única alma. Me miró con sus ojos oscuros para dedicarme aquella sonrisa que hacía que perdiese el control, entonces…
¡Bip, bip!...
¡Bip, bip!...
-¡Yolanda , llegas tarde!

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