miércoles, 8 de junio de 2011

Euforia

Subimos al escenario con un caluroso aplauso de bienvenida.
Los focos apuntando al suelo esperando a que llegásemos al centro, y la gente gritando esperando oír música.
Mi pelo se alborotaba con el viento, mientras los primeros acordes sonaban detrás de mí. Un redoble de batería y comenzaba mi turno.
Comencé a silbar de forma acorde a la melodía del bajo, y las manos del público se mecían al compás de los focos.
Entonces canté con tranquilidad, un solo foco me iluminaba la coronilla y sentía el calor que me producía en el cuerpo.
Un solo de guitarra.
Canté con fuerza mi estribillo, y la gente gritaba como loca. Otro redoble de batería.
Silbé una vez más junto a la segunda voz, las baquetas aporreaban con fuerza la caja y el rasgueo de las cuerdas se dejaba oír por momentos.
Entonces llegó el apoteósico final con un grito ensordecedor.
Estaba acalorada mientras en público aplaudía sin cesar, sentía la euforia en mi estómago y el redoble de mi corazón que quería escapar de mi pecho.
Perfecta sensación para una noche de estrellas.






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